En nuestra escuela, cada día se vive con ritmo, cuidado y alegría. A través de este video te invitamos a conocer cómo acompañamos a los niños y niñas en su aprendizaje cotidiano.
El ritmo del día
Cada jornada equilibra momentos de concentración y expansión, actividad y recogimiento, arte y aprendizaje académico.
Primer Septenio
En el Primer Septenio, el aprendizaje ocurre a través del juego, la imitación y la experiencia directa. La mañana comienza con la acogida y el juego libre, seguido de rondas, cantos y la palabra rítmica que ordenan y armonizan el cuerpo. Luego es el momento de la actividad principal; puede ser pintar con acuarela, amasar pan, modelar, trabajar en el huerto o labores de la casa escuela dónde cada gesto cotidiano es una oportunidad de aprendizaje. El día culmina con un cuento narrado oralmente, que nutre la imaginación y la vida interior.
Segundo Septenio
En el Segundo Septenio el aprendizaje se profundiza a través de la experiencia artística y el vínculo significativo con el maestro o maestra. Cada día comienza con un período conocido como la clase principal. Este módulo es integrado y de forma curricular transversal, e incluye actividades que despiertan y enfocan la atención de los niños, la práctica oral y escrita de habilidades básicas, cálculo mental, música y dibujo, presentación de nuevo material, retrospección y discusión del trabajo del último día (o anteriores), labor individual, conversación, trabajo narrativo y práctico.
Ritmos de la semana y las estaciones
A lo largo de la semana, cada día tiene su propio carácter y actividades que responden a estas características. Durante el año, celebramos las estaciones a través de fiestas, encuentros y experiencias que conectan a los niños con los ciclos de la naturaleza. Estos ritmos ayudan a que los niños comprendan el paso del tiempo de forma natural y vivan la escuela como un espacio lleno de sentido y pertenencia.
Aprender en comunidad
La vida cotidiana se construye junto a las familias. Creemos que la educación es un camino compartido, donde escuela y hogar caminan en la misma dirección. Es por esto que la participación familiar es fundamental para crear un ambiente basado en el respeto, la colaboración y el cuidado mutuo.